La educación como herramienta indispensable para cuestionar el status quo.
En su último libro, nuestro filósofo destaca que las sociedades democráticas liberales se encuentran, por un lado, ostensiblemente comprometidas con ideales políticos igualitarios (esto, al menos, en el plano del discurso público) y, paralelamente, en ellas se consolidan patentes desigualdades financieras y educativas que, consiguientemente, dan pie a desigualdades políticas palmarias. Así, lo que el dinero y la educación proporcionan es la pertenencia a unas determinadas élites políticas, financieras, culturales o mediáticas. En cambio, la carencia de dinero y de educación resulta no solo en la exclusión de los procesos de toma de decisiones, sino además en la incapacidad de aprender con y de otros cómo cuestionar el statu quo. Sin dinero no se accede a la educación y sin educación no se puede cuestionar la realidad.
Pero la aptitud para cuestionar el estado de cosas imperante en las democracias liberales es, por supuesto, lo que necesitan aprender aquellos que procuren construir formas de vida común en las que los bienes sean correctamente priorizados y obtenidos, mientras se vive y actúa en sociedades en las que el poder político se encuentra desigual, y arbitrariamente, distribuido. Como puede observarse, MacIntyre no aboga por un aislamiento de la sociedad, sino por la formación de comunidades que, aun con una identidad contracultura, permanezcan mezcladas en el mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario