En el apartado 1.8 de su último libro, MacIntyre destaca la siguiente tesis:
el agente moral tiene que comprenderse como agente narrativo
Las personas reflexivas se comprenden a sí mismas en términos de una historia en la cual se dirigen, o fracasan en dirigirse, hacia la conquista de su bien final. A medida que los agentes logran encaminarse hacia el florecimiento, alcanzan, progresivamente, un entendimiento profundo de su propia biografía. Se trata de una forma de comprensión que les posibilita volver a contar la historia de su vida, honradamente, es decir, tomando en cuenta la verdadera medida de sus errores. En efecto:
podemos tener una buena razón para estar satisfechos con nuestra vida solo si somos capaces de mirar con veracidad nuestro propio mal pasado
En dicha narración sobresalen tres características
(i) en primer término, será
una narración de la propia vida, no en tanto
individuo, sino como agente en relación, como una persona que se reconoce, esencialmente, como miembro de unas comunidades específicas, como partícipe de unas relaciones en las que somos conscientes de nuestra mutua dependencia.
(ii) en segundo lugar, la
narración tiene que poner de manifiesto cómo cada uno de nosotros, en tanto personas que procuran vivir razonablemente, hemos aprendido de nuestros
fracasos. En este sentido, resulta de crucial importancia que nuestros errores lleguen a
ser entendidos como oportunidades para el aprendizaje, y no solamente se tengan
por equivocaciones en el juicio moral o concesiones a deseos desordenados.
(iii) finalmente, la narración de nuestra vida será una
narración cada vez más enfocada, es decir, tendrá cada vez más éxito en
integrar los diversos roles y funciones que constituyen nuestra existencia en orden a la conquista del Bien supremo; un
bien que, según el pensamiento macintyreano, se orienta a entablar una relación
personal con Dios. Para MacIntyre...
la narración de nuestra vida ha de tener, en último término, una esencial estructura teológica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario