El razonamiento
práctico: expresivistas vs. neoaristotélicos.
Al final del primer capítulo de su último libro (1.9) MacIntyre descata el diverso e incompatible modo en que, tanto los agentes expresivistas como los pensadores neoaristotélicos conciben el razonamiento práctico. Al respecto, afirma que los fines que se fijan los agentes expresivistas que procuran vivir reflexivamente serán aquellos que expresen sus preferencias subjetivas (aquello que más les importa a los agentes, en términos de H. Frankfurt). En consecuencia, su razonamiento práctico tomará la siguiente forma: dados los fines que ahora deseo alcanzar, ¿qué curso de acción servirá mejor a la consecución de dichos fines?
Es
claro que los fines que asumen los agentes neoaristotélicos, sin negar la
presencia de sus deseos, estarán determinados por su comprensión del
florecimiento. Los bienes que intenten alcanzar serán elementos constitutivos
de la realización humana. En consecuencia, su razonamiento práctico tomará la
siguiente forma: dado que tales bienes concretos son aspectos esenciales de la
realización humana, ¿qué actos concretos podría realizar aquí y ahora para
orientarme hacia ellos?
En
tanto procuren vivir reflexivamente, habrá momentos en que ambos tipos de
agentes cuestionen sus propios razonamientos prácticos. Por ejemplo, el agente
expresivista se preguntará: aquello que ahora deseo, ¿es realmente lo que más
me importa? O bien, las acciones que he realizado, ¿verdaderamente me conducen
a la obtención de lo que más deseo?
En
contraposición, el neoaristotélico se preguntará: ¿he entendido adecuadamente
aquello en lo que consiste la realización de los seres humanos? Las acciones
que he realizado, ¿realmente me conducen al florecimiento?
Seguidamente,
MacIntyre destaca las diferencias que existen entre las historias que acerca de
sí mismos pueden narrar los agentes expresivistas y las que pueden contarse
quienes se asumen como agentes los aristotélicos.
Las historias de
vida: expresivistas vs. neoaristotélicos.
Las historias de vida de los agentes
expresivistas refieren primariamente a sus deseos, a lo que a ellos
particularmente les importa y sobre cómo llegó a importarles lo que ahora les
importa. Dichas narraciones expresan como ellos mismos encontraron o no los
medios adecuados para satisfacer sus deseos. La historia del expresivista es,
fundamentalmente, una historia sobre él mismo; las comunidades a las que
pertenece son para él un simple escenario para sus acciones. Al contarla, el
agente dirá: esta es mi historia.
En
contraposición, las historias de vida de los agentes neoaristotélicos refieren
a la maduración de su comprensión respecto a lo que significa florecer para un
ser humano (algo que en absoluto depende del arbitrio subjetivo del agente,
pues hay patrones objetivos en relación con el florecimiento) y sobre cómo
ellos mismos procuraron actuar en concordancia con dicha comprensión. En sus
historias, aun cuando se muestran afectos y deseos, estos se refieren sobre
todo a su concordancia o no con los fines que la razón les invita a procurar.
A su
vez, la historia de vida de un agente neoaristotélico es tanto suya como de
aquellos con quienes comparte, en diferentes comunidades, la búsqueda de los
bienes comunes, bienes en cuya consecución consiste gran parte de la
realización humana. Su historia personal solo puede entenderse adecuadamente
como parte de esas otras historias de las comunidades a las que esencialmente
pertenece. Así, habitualmente hablará de nuestra historia antes que de su
historia.
Las relaciones
humanas: expresivistas vs. neoaristotélicos.
Lo referido a los distintos tipos de
historias pone de manifiesto el diverso modo en que expresivistas y
neoaristotélicos conciben sus relaciones interpersonales. El agente
neoaristotélico se enfocará en aquellos vínculos sin los cuales sería incapaz
de alcanzar los bienes comunes; recordará también que sin tales relaciones las
capacidades humanas fundamentales no pueden desarrollarse en plenitud (sin la
comunidad no pueden cultivarse las virtudes). A su vez, los vínculos entre los
neoaristotélicos presuponen un alto grado de acuerdo sobre las verdades
(objetivas y empíricamente comprobables) acerca del florecimiento humano.
El
expresivista contempla sus relaciones en función de sus sentimientos e
intereses. Además, si ellas no contribuyen a satisfacer sus deseos, las rechaza
inmediatamente. Sus vínculos se forjan solo en la utilidad o el afecto
sensible, es decir, aquello que Aristóteles denominó amistades imperfectas.
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