La crítica de MacIntyre al orden social y económico de la Modernidad.

 

El trabajo en la modernidad: deseos, esperanzas y miedos.

MacIntyre parte de la siguiente convicción: si nos preocupa entender qué cosas (bienes) tenemos buenas razones para desear, tiene suma importancia preguntarnos por el papel que juegan los deseos y sentimientos en nuestro orden cultural. Pues es notorio que, aun cuando los apetitos naturales de las personas puedan ser constantes, los objetos que satisfacen dichos deseos varían sobremanera en los distintos momentos y culturas.

El orden social y cultural de la modernidad se caracteriza por la búsqueda del crecimiento económico y la innovación tecnológica. Como consecuencia, dicho orden exige, permanentemente, la provisión de nuevas clases de trabajo. Por este motivo, a medida que se desarrolló la modernidad económica desde el siglo dieciocho se dieron diversas transformaciones en el modo de comprender el trabajo humano.

En este sentido, destaca MacIntyre, las historias de quienes pertenecen al orden laboral de la modernidad son historias no solo de deseos y esperanzas (por ejemplo, los trabajadores del siglo diecinueve y veinte en empleos regulares en factorías solo aspiraban a mejorar sus condiciones y las de sus familias), sino también de miedos (a la pobreza, al desempleo, a ser sepultados por las deudas) y frustraciones (no lograr ser lo suficientemente rico, no obtener el puesto laboral esperado); son historias de miedos que tienen que ver con ser incapaces de ir más allá de modalidades de trabajo que entumecen la mente y el espíritu.

A partir de ello, MacIntyre afirma que, demasiado a menudo, los agentes pertenecientes al orden cultural de la modernidad capitalista y tecnológica carecen de los recursos necesarios (intelectuales y morales) que les permitan discernir cómo priorizar razonablemente sus deseos. Las vidas de tales agentes están muchas veces subordinadas a los movimientos caprichosos del capital, movimientos que, con frecuencia de modo súbito e inesperado, pueden dejarlos descartados para el trabajo, privados de su sustento y en ocasiones de su modo de vida.

En las sociedades de mercado se torna sumamente difícil que las personas corrientes puedan implicarse en la clase de deliberación común (comunitaria y política) que resulta necesaria para realizar la distinción entre lo que posee un valor genuino para sus vidas (para su florecimiento) y lo que el mercado promueve que valoren. En nuestras cultura, las personas se ven constantemente incitadas a valorar los objetos de deseo tal y como los valora el mercado. Ocurre que una economía próspera necesita de quienes hacen un trabajo productivo que también funcionen como consumidores, y que lo que ellos deseen, e incluso consideren que necesitan, coincida con lo que la economía necesita que consuman (es por este motivo que MacIntyre sostiene que en la modernidad capitalista y tecnológica los agentes muchas veces carecen de los recursos necesarios para calibrar razonablemente sus deseos).

Pero, aun llegado el caso de que los agentes logren preguntarse: «¿qué tengo o tenemos buenas razones para querer?», ocurre que muchas veces estas personas carecen de los recursos económicos necesarios para adquirir dichos bienes, y esto sucede porque en nuestra modernidad capitalista y tecnológica existe una gran brecha entre los salarios que ellos ganan y los precios de los bienes y servicios. En consecuencia, los agentes tendrán que preguntarse también: «¿puedo o podemos permitimos querer aún aquellas cosas que tendríamos buenas razones para querer?» Nuestro orden social y cultural posibilita que, frecuentemente, no podamos acceder a lo que tenemos buenas razones para querer.

Sabemos a qué nos enfrentamos, pero incapaces de reconocer lo bueno.

            MacIntyre avanza en su argumentación recordando una crítica que frecuentemente se ha dirigido a la filosofía de la Ilustración y al marxismo. Al respecto, nos dice que incluso aquellos (por ejemplo, los dirigentes obreros) que se organizaron social y políticamente para resistir al capital y al mercado estaban sumamente advertidos para reconocer «en contra de qué» estaban luchando. Sin embargo –afirma MacIntyre- a muchos de ellos les costó sobremanera articular «a favor de qué» estaban. Las personas corrientes que se implicaron activamente en conflictos sociales con el propósito de resistir al orden económico y político de la modernidad, rara vez han dado muestras de poder pensar y explicitar por sí mismos una concepción adecuada y alternativa del rumbo que el cambio social y económico debía adoptar: el problema ha consistido en que los hábitos de pensamiento típicos de la Modernidad son tales que hacen que sea extremadamente difícil pensar sobre la Modernidad excepto en sus propios términos, términos que excluyen la aplicación de aquellos conceptos que resultaban más necesarios para una crítica radical de la Modernidad.

Lo valioso y lo reprochable de la modernidad.

            A continuación, MacIntyre responde a quienes les produce rechazo su visión (negativa) de la Modernidad. Al respecto, nos dice: la historia de la Modernidad, en la medida en que ha estado compuesta por una serie de liberaciones sociales y políticas, de emancipaciones respecto a normas arbitrarias y opresivas, es verdaderamente, en aspectos clave, la historia de un genuino y admirable progreso. La historia de la Modernidad, en la medida en que ha sido una historia de logros artísticos y científico es también, verdaderamente, la historia de unos logros igualmente genuinos y admirables. Y nada de lo que he dicho aquí o en otro sitio implica do contrario.

Sin embargo, esta es la misma Modernidad que ha generado nuevas formas de desigualdad opresiva, nuevos tipos de empobrecimiento material e intelectual, nuevas frustraciones y descarríos del deseo. Se pueden contar muchas historias de la Modernidad, de orientaciones muy diversas, y todas ellas ciertas. No obstante, todas ellas parten de la misma infraestructura política y económica. En consecuencia, ha de quedarnos en claro la siguiente convicción macintyreana: los deseos de las personas corrientes pertenecientes a la modernidad se ven moldeados (o más bien desfigurados) por las instituciones dominantes propias de la modernidad, particularmente, el Estado y el mercado. Pero, y aquí lo peligroso, dichas instituciones nos orientas a deseas aquellas realidades que no tenemos buenas razones para querer. 




MacIntyre, los profesores y los incomprensibles fracasos felices...

MacIntyre, los profesores y los incomprensibles fracasos felices...

Alasdair MacIntyre fue un filósofo que, como se dice en la jerga futbolera, muchas veces iba a nuestro cruce "con los tapones de punta". En este sentido, aunque uno pueda no comulgar con sus ideas, jamás puede quedar indiferente a sus delcaraciones. Como todo aúntentico filósofo, es un aguijón que nos saca de nuestras zona de confort. Aquí alguna ideas que compartió en una de sus entrevistas.

"Los profesores, nos dice, son la escuadra suicida de la cultura de la modernidad occidental, [pues] la misión que se les encomienda es tan esencial como imposible... "

"Lo que el sistema requiere de los profesores es la producción de ese tipo de trabajadores dóciles que la economía actual necesita... Pero a lo que debe aspirar la educación para todos y cada uno de los niños, si no queremos que sea una farsa, es tanto al desarrollo de aquellas potencialidades que permitan a los niños ser miembros independientes y reflexivos de sus familias y comunidades políticas a como la consecución de aquellas virtudes necesarias para dirigirnos hacia nuestros bienes comunes e individuales".

"Así los profesores contemporáneos tienen la tarea de educar a sus estudiantes para que esos estudiantes traigan a las actividades de su vida adulta actitudes inquisitivas que los lleven entrar en conflicto con el talante de la época y con las instituciones dominantes. Muchos de esos estudiantes se frustrarán, muchos serán derrotados. Pero algunos encontrarán su propio camino y llegarán a ser, según los principios de la época, incomprensibles fracasos felices. Puede que algunos incluso lleguen a ser profesores".

De mi parte... me siento orgulloso de ser un "incomprensible, pero felíz, fracaso". También yo he procurado que mis estudiantes aprendan a cuestionar todas aquelllas realidades que, en nuestro tiempo, huelen a podrido".




Nuevo libro: Alasdair MacIntyre y la modernidad.

 Por qué nos cuesta tanto ponernos de acuerdo sobre cuestiones morales hoy? Esta es una de las preguntas que atraviesan la obra del filósofo escocés Alasdair MacIntyre, cuya crítica a la ética moderna sigue siendo una referencia central del pensamiento moral contemporáneo.

El 11 de marzo se publicará en Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA) el volumen colectivo: 📖 "Alasdair MacIntyre y la modernidad", dentro de la colección Astrolabio. Antropología y Ética: 

https://lnkd.in/ec8YwcyA.

El libro ofrece una lectura sistemática del pensamiento de MacIntyre, abordando algunos de sus núcleos más relevantes:

▪ crítica a la ética moderna

 ▪ diagnóstico del emotivismo

 ▪ recuperación de la ética de las virtudes

 ▪ vulnerabilidad, dependencia y cuidado en la vida moral

📚 Estructura del volumen

▪ La crítica de MacIntyre a la modernidad: Hernando José Bello Rodríguez · José Manuel Giménez Amaya. Es una introducción al diagnóstico macintyriano de la ética moderna: el fracaso del proyecto ilustrado, la cultura del desacuerdo moral y la necesidad de recuperar virtudes, prácticas y tradiciones éticas.

▪ Vulnerabilidad, dependencia y justa generosidad: Jorge Martín Montoya Camacho. Se trata de una reflexión sobre la condición vulnerable del ser humano y su papel en la formación moral, donde emerge la justa generosidad como virtud que integra justicia, misericordia y amistad.

▪ Los conflictos éticos de la modernidad: Eloy Villanueva Cruz. Presenta un análisis de la modernidad como cultura de desacuerdos morales persistentes y del contraste entre el subjetivismo moderno y la alternativa neoaristotélica de las virtudes.

Una contribución pensada tanto para el debate filosófico contemporáneo como para comprender mejor los conflictos éticos de nuestro tiempo.





MacIntyre, Newman y la Universidad.


Hoy en día las universidades no podrían sobrevivir, ni mucho menos prosperar si no pudieran prometer de manera creíble a sus estudiantes una puerta de acceso a mejores perspectivas profesionales, y adonantes y gobiernos un suministro de mano de obra cualificada y una investigación que contribuye al crecimiento económico. Dicho de otro modo las universidades prometen ser empresas rentables.
Por el contrario, para Newman, las actividades que contribuyen a la enseñanza y el aprendizaje universitario tienen bienes internos a ellas que las hacen valiosas en sí mismas. Es cierto que, de manera incidental, las universidades pueden contribuir al éxito profesional y el crecimiento económico. Pero desde el punto de vista de Newman, una universidad puede tener éxito en estos aspectos y aún así fracasar como universidad.

A. MacIntyre en "La misma idea de universidad: Aristóteles, Newman y nosotros".





Dos requisitos indispensables para la investigación ética y política.

Humildad y capacidad del ver la realidad desde el punto de vista de los menos favorecidos.


En su último libro, MacIntyre destaca que tanto Aristóteles como Hume, aún siendo de los más agudos teóricos morales de la historia, no pudieron evitar dejarse llevar por algunos de los prejuicios morales de su propia cultura. Así, no importa cuán agudos seamos intelectualmente, si nos dejamos llevar por los prejuicios que impregnan la cultura en la que vivimos, podemos caer en el error. 

Por lo tanto, si queremos embarcarnos en la investigación moral y política, debemos ser capaces de «arrinconarnos» con la siguiente pregunta: 

¿qué justifica el hecho de que yo crea que soy realmente independiente de los prejuicios de mi tiempo al punto de poder implicarme con integridad en una indagación teórica moral y política? 

MacIntyre menciona entonces dos aptitudes personales necesarias para poder afirmar, justificadamente, nuestra independencia respecto a los prejuicios epocales: 

i) Un primer requisito consiste en procurar comprender cómo se ve el panorama de la sociedad en la que uno vive desde la perspectiva de los desfavorecidos y marginados. Es a la luz del crudo contraste entre los puntos de vista de «ellos» y de quienes gozamos de una posición más acomodada, que las unilateralidades de los propios puntos de vista pueden mostrarse con más claridad. 

ii) Un segundo requisito exige tener cierta libertad frente al deseo de poseer aquellos objetos que, en nuestro propio rol social, se relacionan con el éxito y la buena reputación. Esta libertad le posibilita a uno preocuparse más del ejercicio excelente del propio rol que de agradar a los que tienen poder e influencia. El orgullo es, precisamente, aquello que nos aparta de esta disciplina de los deseos; la humildad, en cambio, es la virtud que necesitamos para buscar la excelencia en el ejercicio de las propias funciones sin deslumbrarnos por la conquista de los bienes externos.





Nueva colección de textos macintyreanos.

 Hoy se publica una colección de obras de Alasdair MacIntyre sobre ética y filosofía política coeditadas por mis colegas Peter Wicks & Kelvin Knight. Como señala Wicks, "Nuestra esperanza es que la colección ofrezca una introducción accesible a la filosofía práctica de MacIntyre para quienes sean nuevos en su pensamiento, además de incluir material (tanto artículos descatalogados como inéditos) que interese a los estudiosos de MacIntyre".
Les comparto la portada y un link donde puede comprarse el texto. Aunque en ocasiones arduo, MacIntyre constituye uno de los filósofos imprescindibles para comprender nuestro tiempo, para poder mirar el presente y proyectar el futuro a la luz de la tradición clásica de las virtudes.






¿Por qué la filosofía moral no es una actividad inocente?

MacIntyre nos ayuda a comprender cómo pensar filosóficamente temas moral puede contribuir al florecimiento o a la esclavitud de las personas y las comunidades.


Es un hecho que nuestros sentimientos son el resultado de nuestros propósitos prácticos, es decir, lo que sentimos (nuestras esperanzas y temores) son una consecuencia de lo que amamos. En este sentido, MacIntyre destaca la contraposición entre el pensamiento de Hume (precursor del expresivismo) y la concepción aristotélica: "las creencias motivantes sobre las que Hume fundamenta los (supuestos) sentimientos naturales y universales, nos dice, lo sitúan en franca oposición a la tradición aristotélica".

Para MacIntyre, aquello que los aristotélicos consideramos bienes, son enteramente contrarios a los propósitos destacados por Hume. Por ejemplo, para Hume la avaricia no es un vicio, la humildad no es una virtud, la justicia no debe poner en cuestión los derechos de propiedad establecidos, etc.; en definitiva, el pensamiento de Hume se diferencia de la tradición aristotélica en relación a lo que significa florecer para los seres humanos. A su vez, Hume parece no tener en cuenta que los disensos en relación con los sentimientos y los bienes que motivan nuestras acciones expresan el conflicto natural que, a causa de la injusticia reinante, surge entre las personas que ocupan posiciones muy distintas en la estructura económica de la sociedad.

Pero lo que MacIntyre pretende afirmar no es solo que las afirmaciones de Hume eran erradas, sino que una consecuencia de que él defendiese estas posiciones fue el disfrazar y ocultar, e incluso promover, ciertos hechos sumamente criticables de su orden socioeconómico. Por lo tanto, MacIntyre denuncia lo siguiente:

  • las convicciones morales de Hume funcionaron de un modo tal que permitieron ocultar los conflictos morales y sociales de su tiempo y, además, promovieron una forma de economía que perjudicó a muchos seres humanos que eran invisibles para el propio Hume.

Y lo más importante se expresa cuando nuestro filósofo afirma que lo argumentado en torno al pensamiento moral de Hume resulta pertinente para comprender que la teorización moral puede conducir a numerosos equívocos morales y políticos potencialmente peligrosos; la teorización moral, es efecto, es una actividad menos inocente de lo que usualmente se considera. Se nos impone entonces la siguiente pregunta: 

  • ¿qué no impide ver la Moral actualmente imperante? Lo que se nos oculta, quizá sea más urgente y grave de lo que parece..




La crítica de MacIntyre al orden social y económico de la Modernidad.

  El trabajo en la modernidad: deseos, esperanzas y miedos. MacIntyre parte de la siguiente convicción: si nos preocupa entender qué cosas...