MacIntyre nos ayuda a comprender cómo pensar filosóficamente temas moral puede contribuir al florecimiento o a la esclavitud de las personas y las comunidades.
Es un hecho que nuestros sentimientos son el resultado de nuestros propósitos prácticos, es decir, lo que sentimos (nuestras esperanzas y temores) son una consecuencia de lo que amamos. En este sentido, MacIntyre destaca la contraposición entre el pensamiento de Hume (precursor del expresivismo) y la concepción aristotélica: "las creencias motivantes sobre las que Hume fundamenta los (supuestos) sentimientos naturales y universales, nos dice, lo sitúan en franca oposición a la tradición aristotélica".
Para MacIntyre, aquello que los aristotélicos consideramos bienes, son enteramente contrarios a los propósitos destacados por Hume. Por ejemplo, para Hume la avaricia no es un vicio, la humildad no es una virtud, la justicia no debe poner en cuestión los derechos de propiedad establecidos, etc.; en definitiva, el pensamiento de Hume se diferencia de la tradición aristotélica en relación a lo que significa florecer para los seres humanos. A su vez, Hume parece no tener en cuenta que los disensos en relación con los sentimientos y los bienes que motivan nuestras acciones expresan el conflicto natural que, a causa de la injusticia reinante, surge entre las personas que ocupan posiciones muy distintas en la estructura económica de la sociedad.
Pero lo que MacIntyre pretende afirmar no es solo que las afirmaciones de Hume eran erradas, sino que una consecuencia de que él defendiese estas posiciones fue el disfrazar y ocultar, e incluso promover, ciertos hechos sumamente criticables de su orden socioeconómico. Por lo tanto, MacIntyre denuncia lo siguiente:
- las convicciones morales de Hume funcionaron de un modo tal que permitieron ocultar los conflictos morales y sociales de su tiempo y, además, promovieron una forma de economía que perjudicó a muchos seres humanos que eran invisibles para el propio Hume.
Y lo más importante se expresa cuando nuestro filósofo afirma que lo argumentado en torno al pensamiento moral de Hume resulta pertinente para comprender que la teorización moral puede conducir a numerosos equívocos morales y políticos potencialmente peligrosos; la teorización moral, es efecto, es una actividad menos inocente de lo que usualmente se considera. Se nos impone entonces la siguiente pregunta:



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